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Senderismo en el Palmar de Colón, una experiencia amigable

21 de Noviembre 2019 | Categoría: Destinos
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El senderismo en el Parque Nacional El Palmar genera un creciente interés entre los turistas que arriban cada año a la ciudad de Colón, en la provincia de Entre Ríos. Esta manera de recorrer la extensa reserva –hay cinco circuitos-, permite conocer de cerca las palmeras yatay y los pastizales, la biodiversidad del Río Uruguay y el patrimonio histórico de las ruinas jesuíticas, lo que la convierte en una experiencia sustentable, teniendo contacto directo con la naturaleza.

El senderismo es una actividad recreativa de caminata, que se realiza habitualmente por caminos delimitados y homologados, con el objetivo de acercar a los visitantes al medio natural de una manera más íntima. En el caso de El Palmar, los cinco los circuitos habilitados están diseñados especialmente para que los visitantes puedan acceder a la enorme diversidad de flora y fauna que convive armónicamente en las 8.213 hectáreas que componen este Parque Nacional.

El sendero más típico es el del mirador La Glorieta. También está el del Mirador del Palmar, el Sendero del Yatay, el del Mollar y el de las Ruinas Históricas. Se está trabajando desde el Parque Nacional para inaugurar en el corto plazo un nuevo sendero, que recorrerá la costa del Río Uruguay que bordea El Palmar, y se proyecta a mediano plazo recuperar un antiguo recorrido entre pastizales.

El senderismo es una actividad que se fomenta desde el área institucional que nuclea a todos los Parques Nacionales del país, habida cuenta del ínfimo impacto que genera y el interés que despierta en la comunidad para validar y preservar la riqueza que cada Parque Nacional aloja y protege.

Un abanico de recorridos

Desde la Ruta Nacional 14, que conecta a la costa oriental de Entre Ríos con la provincia de Buenos Aires al Sur y con el resto de la Mesopotamia hacía el Norte, a la altura del kilómetro 198, un desvío lleva al ingreso al Parque Nacional El Palmar.

Tras atravesar un punto de información turística, el camino principal recorre once kilómetros y medio de cuidado ripio hasta arribar a un estacionamiento vehicular, frente a la intendencia del Parque. En la mitad del recorrido, una senda perpendicular lleva hacia el Mirador La Glorieta.

El sendero en torno de este mirador tiene una extensión total de mil metros y una forma circular, que arranca y termina en el mismo lugar. Desde allí, el visitante puede tomar dimensión, a la distancia y en altura, del tamaño del Parque Nacional y de la inconmensurable cantidad de palmeras yatay que lo habitan. 

Se trata de un mirador natural a orillas del Arroyo Palmar, que brinda hermosas postales a los visitantes. Es un sendero relativamente corto, con perspectivas inolvidables.

El sendero del Mirador del Palmar se desvía seis kilómetros del camino principal, rumbo del Arroyo Palmar. El paisaje allí es tan solemne como silvestre. Fruto del cuidado del Parque Nacional y principalmente, de la manera en que la selva en galería se vincula con el arroyo, se imponen postales de frondosas arboledas y de un espejo de agua marrón, que serpentea las costas.

Desde el camping del Parque Nacional arranca el sendero El Mollar, que se extiende durante 1400 metros y se vincula por un pequeño camino con el arroyo Los Loros. En este sendero, se aborda la problemática de la convivencia entre la flora nativa y las plantas exóticas e invasoras que se han incorporado a la biodiversidad de la región.

Esta “invasión” dio inicio cuando la actual intendencia del Parque era el casco de una estancia. Paraísos, fresnos y ligustros, entre otras especies, fueron incorporadas a este ecosistema, generando una conflictiva coexistencia. El sendero de El Mollar permite vivenciar esta situación, desde el corazón mismo de la vegetación del lugar.

El Sendero del Yatay, en un trayecto de 600 metros centra su interés en la especie más destacada del Parque Nacional: la palmera yatay. Se trata de una especie que se estima puede llegar a vivir entre 200 y 400 años y puede alcanzar los 12 metros de altura. Este recorrido comienza y culmina en el “Sendero de La Glorieta”, con pastizales y palmeras hegemonizando el entorno, para dejar asombrados a los visitantes.

Finalmente, en el área de servicios del Parque Nacional nace el último de los senderos habilitados, que conduce a los caminantes entre la intendencia y lo que se conoce como el sitio histórico, que no es ni más ni menos que un conjunto de ruinas, contemporáneas de las jesuíticas de San Ignacio, más al norte, en Misiones. Este sendero pone el acento en el valor patrimonial que reside en esas construcciones y en el lugar central que ocuparon, cuando estaban activas, en el desarrollo económico y comercial de la región.

Los senderos que se vienen

Para los Parques Nacionales, los senderos permiten ordenar el paso de los turistas por los lugares que se consideran más atractivos y, de esta manera, mitigar el impacto humano sobre la naturaleza y brindar seguridad a los visitantes. 

La meta primordial del Parque es, precisamente, la conservación del ambiente. Para ello, los trabajadores llevan adelante, día tras día, tareas de construcción de puentes y barandas, diseño de cartelería y folletería, y un completo mantenimiento del lugar.

Hay un sexto sendero que se está preparando, que sería más largo que los otros, con unos cuatro kilómetros y medio de longitud y un recorrido que bordearía la costa del Río Uruguay. Llevaría como nombre “Sendero de la selva”.

El mismo despierta mucho interés, ya que permitirá a los turistas que arriban a diario al Parque Nacional, poder comprobar cuán importante es el Río Uruguay y sus afluentes para el ecosistema reinante en El Palmar.

Un séptimo recorrido es uno que supo existir y que podría volver. Se trata del que se conoció como “Sendero del Pastizal”, que cuenta con una extensión de siete kilómetros y medio y que fue cerrado tiempo atrás porque mucha gente se perdía. A mediano plazo, se baraja la idea de reinaugurarlo, con guías habilitados obligatorios que acompañen a los contingentes visitantes.

El Palmar desde adentro

La diversidad de senderos del Parque responde al interés de generar una oferta para el visitante, que le permita conocer todos los ambientes y las facetas de la vida de El Palmar. Es que el nombre del Parque no es desconocido para la mayoría de los turistas que llegan por Colón. 

Muchos desconocen su cercanía con el Río Uruguay, su pasado vinculado a la tradición jesuita y la biodiversidad que lo habita. Y es allí donde los caminos del senderismo se vuelven imprescindibles.

Cada recorrido está bien delimitado y cuenta con cartelería interpretativa para que, en su recorrida, el visitante vaya comprendiendo tanto estímulo: los sonidos, los aromas, los colores, las texturas.

En lo que a fauna se refiere, algunas especies son más fáciles de encontrar y otras sólo pueden ser admiradas si se cuenta con la buena suerte a mano. El carpincho siempre sale al paso en el camino principal, urracas suelen verse en el camping; y es común que aparezcan zorros atravesando los senderos. Entre las fichas difíciles, sin dudas están el osito lavador, los ñandúes y los ciervos nativos y exóticos. Cada sendero tiene a su vez, sus propias familias de aves. Y por las noches, es posible toparse con vizcachas.

Los senderos están habilitados los 365 días del año, entre las 7 y las 20 horas (en primavera y verano), y hasta las 19 horas el resto del año. El Parque está abierto hasta las 23 y cuenta con una proveeduría, un restaurante, camping y servicios de bicicletas y canoas. Estas últimas opciones son buenos compañeros para indagar en la riqueza de los senderos de manera más íntima.

Asimismo, es bueno aclarar que si bien cada turista puede caminar libremente por los senderos (siempre haciendo caso a las recomendaciones), la contratación de los guías habilitados enriquecen las excursiones. Un balneario de 500 metros de playa complementa la oferta de un paraíso de la conservación natural.

Algunos viajeros se instalan en el camping para pasar varios días en el Parque. Otros, en cambio, hacen base en el centro de Colón y van y vienen varias veces durante su estadía, para poder conocer los diversos senderos.

Las caminatas no requieren más que botellitas de agua y ropa liviana, protector solar y gorro. Sí es un problema para estos tiempos que corren, la falta de señal para teléfonos celulares, que se compensa con el Wi-Fi del área de servicios. En cualquier caso, si el teléfono tiene cargada la batería, bien puede registrar en su memoria la infinidad de imágenes fotográficas posibles que El Palmar ofrece paso a paso.

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